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lunes, 6 de abril de 2026

Jesus y Cordero Jesus Salva Arte

 MALEDO Arte de pared en lienzo Jesús y Cordero Jesús salva a la oveja perdida Cuadro cristiano para decoración de pared Pastor protege a un cordero de los lobos Pintura Póster Impreso Obra de arte

  • Arte de pared cristiano de Jesús: Este adorno religioso de pared tiene un tamaño de 12x16 pulgadas (30x40 cm), 16x24 pulgadas (40x60 cm) y 24x36 pulgadas (60x90 cm) para su referencia y elección, por favor elija el tamaño correcto para comprar, este lienzo viene con marco y ganchos para facilitar la colgadura
  • Impresiones en lienzo de Jesús Cordero de Dios: Nuestras impresiones en lienzo de Jesús salva al cordero perdido de Cristo están impresas en lienzo premium usando tinta desvanecida de alta calidad, asegurando colores brillantes, detalles claros y duraderos y hermosos. No es perjudicial para la salud y puedes comprarlo con confianza. La textura del lienzo es clara, haciendo que la impresión se vea más en capas


  • Decoración de Pared en Blanco y Negro con Parábolas Bíblicas: Este arte de pared inspirado en la fe es una bonita decoración para la sala de estar, iglesia, dormitorio, oficina, cocina, guardería, aula, estudio, comedor, cafetería, dormitorio universitario y más. Ya sea que se use solo o combinado con otras decoraciones de pared, añade un toque de calidez y belleza a cualquier habitación
  • Regalo ideal para creyentes religiosos: la decoración de pared con historias bíblicas es un gran regalo para familiares, amigos, colegas o amantes, adecuado para varias ocasiones como Navidad, fiestas de cumpleaños, Acción de Gracias, Año Nuevo, San Valentín, fiestas de inauguración de casas, etc. Los hermosos colores y la exquisita artesanía seguramente traerán una sorpresa y felicidad sin igual al destinatario
  • Garantía de servicio: damos gran importancia a su experiencia de compra. Si tienes alguna pregunta, ponte en contacto con nosotros lo antes posible y te responderemos y te proporcionaremos una solución satisfactoria en el menor tiempo posible



miércoles, 31 de diciembre de 2025

MARIA MADRE DE DIOS

 MARIA MADRE DE DIOS


María Madre de Dios
¿Por qué celebramos la solemnidad de María, Madre de Dios?
Apenas después de celebrar la Navidad, la Iglesia concluye la octava de Navidad honrando a María bajo su mayor título, Madre de Dios. Sobre el hecho de su Maternidad divina dependen todas las dignidades y prerrogativas que tiene.
El Catecismo de la Iglesia Católica, en su párrafo 509, nos enseña: “María es verdaderamente ‘Madre de Dios’ porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo”.
La solemnidad de María, Madre de Dios, es día de precepto y se celebra cada 1° de enero en su honor.

domingo, 14 de septiembre de 2025

La Creación es Evidencia de un Creador Citas Biblicas Para Reflexionar


¿Cómo puedo saber que Dios existe?

¿Alguna vez se ha preguntado cómo usted puede saber que Dios existe, si ni siquiera puede verlo?
 
Muchas de las cosas de las que dependemos en nuestra vida diaria son invisibles. Aunque no podemos verlas, eso no las hace menos reales.
 
Las ondas radiales son un buen ejemplo. Están en todas partes, alrededor de usted todo el tiempo, pero son invisibles e impalpables. Entonces, ¿cómo sabe que existen? Necesita usar un radio.
 
Un radio está hecho con un receptor específico que puede captar esas ondas invisibles. La música hermosa que usted escucha cuando usa un radio comprueba la existencia de las ondas radiales.
 
Es cierto que Dios no puede ser visto o tocado. Pero usted fue hecho por Dios con un “receptor” muy específico por dentro: su espíritu humano, la parte más profunda de su ser. Entonces, ¿cómo puede saber que Dios existe? Usted necesita usar su espíritu humano para recibir a Dios y contactarlo.
 
Pero hay un enorme problema que se interpone: el pecado. Poco después de ser creada la humanidad, ésta cayó, se apartó de Dios y fue corrompida por el pecado.
 
Sin embargo, debido a Su gran amor por usted, Dios hizo algo extraordinario para dar solución al problema del pecado. Él se hizo un hombre llamado Jesús con el propósito expreso de llevar sobre Sí el castigo por sus pecados.

martes, 2 de septiembre de 2025

sed la luz del mundo


 “Ser luz del mundo” (Mt 5,14)
Es posible que no sea capaz de fijar mi atención totalmente en Dios durante mi trabajo. Dios no me lo pide de ninguna manera. Con todo, yo puedo desear plenamente y procurar cumplir mi trabajo con Jesús y por Jesús. Hermosa tarea. Ésta es la que Dios quiere. Quiere que nuestra voluntad y nuestro deseo se dirijan a él, a nuestra familia, a nuestros hijos, a nuestros hermanos y a los pobres.
Cada uno de nosotros somos un instrumento pobre. Si observas la composición de un aparato eléctrico, encontrarás un ensamblaje de hilos grandes y pequeños, nuevos y gastados, caros y baratos. Si la corriente eléctrica no pasa a través de todo ello, no habrá luz. Estos hilos somos tú y yo. Dios es la corriente. Tenemos poder para dejar pasar la corriente a través de nosotros, dejarnos utilizar por Dios, dejar que se produzca luz en el mundo... o bien rehusar ser instrumentos y dejar que las tinieblas se extiendan.
Beata Teresa de Calcuta (1910-1997)

domingo, 19 de enero de 2025

El Vino de la Vida san juan 2, 1-11 Citas Biblicas Para Reflexionar

http://www.citasbiblicasparareflexionar.com
Evangelio según San Juan 2,1-11. Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía". Pero su madre dijo a los sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga". Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. "Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete". Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: "Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento". Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

sábado, 17 de junio de 2023

sagrado corazon de jesus

 

Sagrado Corazón de Jesús

Sagrado Corazón de Jesús

Solemnidad con la que la Iglesia católica celebra el amor de Cristo salvador por los seres humanos, amor cuyo símbolo es su corazón. Aunque la devoción al Sagrado Corazón se remonta a la Edad media, la fiesta fue reconocida oficialmente en 1856 por el Papa Pio IX.

Historia de un corazón

Aunque el cénit de la devoción cristiana al Corazón de Jesús lo marcan las revelaciones de Cristo a Santa Margarita María de Alacoque, en el siglo XVII, hay una larga prehistoria, que se remonta a San Bernardo, abad de Claraval, en el siglo XII, con su devoción a la humanidad de Jesús. Más expresamente, centran su veneración en el corazón sensible de Cristo tres santas de la Edad Media. Lutgarda, Matilde y Gertrudis practican personalmente y difunden con sus escritos la devoción al corazón de Jesús. Más tarde, en el siglo XVI, Luis de Blois y nuestro San Juan de Ávila predican y dan forma a la veneración del corazón de Cristo. Y San Juan Elides, ya en el XVII, la populariza y consigue incluirla en la liturgia.

Pero, sin duda, el espaldarazo a esta devoción lo da una monja recluida en su convento de Paray-le-Monial (Francia), llamada Margarita María de Alacoque. Entre 1673 y 1675, recibe cuatro revelaciones notables. Según propia confesión, la primera tuvo lugar mientras estaba en presencia de Jesús Eucaristía, que le confió: «Mi divino Corazón está tan apasionado de amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame, valiéndose de ti, y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo».

Sobre la segunda manifestación (1674), la monja de la Visitación asegura: «El divino Corazón se me presentó en un trono de llamas, más esplendoroso que el sol y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado con una corona de espinas, significando las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en su parte superior». Como se ve, en esa segunda revelación ya aparecen los elementos doloristas que marcarán fuertemente la devoción al Corazón de Jesús. […]

Como en un juego alternante, tras dos revelaciones donde prevalecen los aspectos positivos, entreverados por la segunda de tono más negativo, la última recupera esta línea con un subrayado dolorista. Según la futura santa, la más popular de sus visiones ocurrió en 1675, estando ante la Eucaristía, y escuchó de Jesús: «He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y que no recibe en reconocimiento, de la mayor parte, sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este sacramento de amor (...). Por eso te pido que se dedique el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento a una fiesta especial para honrar mi Corazón».

Para hacer llegar al pueblo fiel y a la jerarquía eclesial estas confidencias y peticiones del Corazón de Jesús, Margarita María de Alacoque recibió la ayuda de un sacerdote jesuita, que el mismo Cristo puso en su camino como confesor y consejero. Claudio de la Colombiére, hoy santo, creyó en la verdad de las revelaciones de Paray-le-Monial, y se dedicó a poner en marcha los deseos del Corazón de Jesús. Aceptó como misión de su corta vida el «encargo suavísimo» de sacar al exterior lo que hasta entonces sólo había sido una comunicación privada en el interior de un monasterio de salesas. El joven jesuita, empapado en la escuela ignaciana de los ejercicios espirituales, vio en las revelaciones del Corazón de Jesús una expresión, con otras palabras, de ese Cristo de las contemplaciones del Reino y de las Dos banderas, cuyo conocimiento, amor y seguimiento es la meta de todo auténtico cristiano.

[…] Por su influjo y el de sus discípulos y sucesores, diversos obispos acogieron en sus diócesis esta devoción e incluyeron en sus liturgias misas propias y capillas dedicadas al Corazón de Cristo.

Reconocimiento oficial

Por fin, en 1765, a petición del episcopado polaco y de algunos reyes, el papa Clemente XIII aprobó un oficio del Sagrado Corazón, limitado a algunas diócesis. Casi un siglo más tarde, en 1856, Pío IX instituyó esta solemnidad como fiesta universal para toda la Iglesia católica. En esa línea de adhesiones pontificias, el papa León XIII, en 1899, hizo la consagración solemne de todo el mundo al Sagrado Corazón, manifestando que era «el acto más grande de mi pontificado», y escribió la encíclica Annum sacrum, poniendo el Año Santo de 1900 al calor del Corazón de Jesús. Por su parte, Pío XI firmó la encíclica Miserentissimus Redemptor, sobre la importancia de esta devoción para la espiritualidad cristiana, llamándola «el compendio de toda la religión y la norma de vida más perfecta». Y Pío XII, siguiendo los pasos de su predecesor, en 1956, dedicó otra larga encíclica a ponderar y propagar la devoción al Corazón de Jesús, titulada Haurietis aquas, donde asegura que «el culto al Sagrado Corazón de Jesús se considera, en la práctica, como la más completa profesión de la religión cristiana». Por su parte, Pablo VI, en 1965, da a luz la carta Investigabiles divitias, donde califica la devoción al Corazón de Jesús como «una forma noble y digna de esa verdadera piedad hacia Cristo que, en nuestro tiempo, por obra del Concilio Vaticano II en especial, se viene insistentemente pidiendo».

En cuanto a Juan Pablo II, que en 1979 dedica su primera encíclica Redemptor hominis a Jesucristo, presenta su cristología desde la perspectiva del Corazón de Jesús. La segunda encíclica del papa Wojtyla, de 1980, titulada Dives in misericordia, está toda ella volcada en el amor misericordioso del Padre, manifestado en Jesucristo, todo corazón. […]

De la abundancia del corazón

[Una] forma de descubrir la personalidad cautivadora de Jesucristo/corazón son sus palabras, ya que él mismo asegura: «De la abundancia del corazón habla la boca». Ahora bien, las palabras de Jesús fueron tan maravillosas que la gente, al escucharle, decía: «Jamás hombre alguno habló como este hombre». Y Pedro, en un momento crucial de la vida pública de Jesús, le dijo: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú solo tienes palabras de vida eterna». Cristo, Palabra única y eterna del Padre, traduce en palabras temporales y terrenas el mensaje divino: «Yo no hablo por mi cuenta; sólo digo lo que oigo del Padre».

Dos mil años de comentario a las palabras de Jesús no han agotado todo su sentido y valor. Pero ¿cuál es esa palabra-clave que abre el secreto de todo el mensaje de Jesús, esa nota dominante que sobrenada en la sinfonía de los Evangelios, ese leitmotiv que unifica las sentencias más dispares del discurso paradójico de Cristo, ese común denominador que preside los dichos evangélicos aparentemente tan heterogéneos?

¿Cuál es el «manifiesto» lanzado por Jesús de una manera tan rotunda que no ofrece duda de que estamos ante la página base de su doctrina? ¿Cuál es la «declaración de principios, formulada por Cristo tan nítidamente que sea forzoso confesar que se trata de su pensamiento esencial? Los evangelistas no discrepan, a la hora de remitirnos al día D, en que Jesús abre la nueva etapa de su actuación en público: «Comenzó a predicar el Evangelio». En esa palabra, gastada de tan repetida, está el resumen original de todo el mensaje de Jesús. El nombre de Evangelio (Eu-Angelion) es la mejor síntesis del pensamiento de Cristo y la mejor llave para abrir el sentido de todo el mensaje de Cristo.

La palabra clave de la Palabra es una «Buena noticia», un «Buen anuncio», una «Buena nueva». Es decir, se trata de algo gozoso, como la llegada de un telegrama del ser querido con la novedad más grata. El Evangelio es la carta del Padre anunciando un reino feliz, una alegría profunda, un gozo íntimo. Nada tan positivo y dichoso en la historia de las comunicaciones humanas. ¿Por qué? Porque la novedad sorprendente que viene a traernos Jesús desde la otra orilla es que Dios es Padre. Hasta él, los filósofos habían intentado localizar a Dios en el campo de la metafísica, como el Primer motor, la Causa primera, un Ser superior, distinto y distante. El evangelista Juan confiesa: «A Dios no lo ha visto nunca nadie; pero el Hijo que está en su seno nos lo ha revelado», y nos ha dicho claramente: Cuando queráis poneros en comunicación directa con Dios, no habéis de forzar la máquina de vuestro entendimiento hasta dar con el Ser incausado. «Cuando recéis, decid simplemente: —iPadre nuestro!»

Jesús lleva tan metido en su corazón ese «Abba», que es Dios para él, que quiere comunicar a los hombres la gran novedad, la grata noticia de que ellos también pueden atreverse a llamarle así. Y cuando Cristo se pone a concretar esa paternidad divina, la reviste de rasgos maternales: como cuando habla de la providencia del Padre, que tiene contados hasta los pelos de nuestra cabeza. Y es que Dios encierra en su simplicidad la complejidad repartida entre el padre y la madre humanos. El Dios desvelado por Jesús es cálido como un regazo, amable como un hogar. El Dios de Jesús es Padre-madre: un Padre maternal, una Madre paternal. Y al final de su vida temporal, Cristo nos descubre el reverso de la medalla de la filiación divina, la otra buena nueva del Evangelio: la fraternidad humana, Porque «uno solo es vuestro Padre, el del cielo, y todos vosotros sois hermanos». Es sacar la conclusión de lo que ya estaba implícito en ese «nuestro», que añadimos a la palabra «Padre» cuando acudimos a Dios.

Consecuencia práctica, interpersonal y social, de esta buena noticia de la paternidad divina y la fraternidad humana es el anuncio de Jesús, la última noche de su convivencia temporal, de su testamento, de su última voluntad: «Éste es mi mandamiento: que os queráis mutuamente». «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros». «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: en que os tenéis amor recíproco». Es la novedad religiosa más positiva en la historia de las religiones. Las primeras generaciones cristianas lo practicaron tan bien que los paganos no tenían más remedio que exclamar: «Mirad cómo se aman!». Era una novedad que les chocaba admirativamente. Veían que se ayudaban, que llevaban el amor afectivo hasta lo efectivo de la cartera: «Todo lo tenían en común». Practicaban nuestro refrán popular: «Obras son amores que no buenas razones». Y el consejo ignaciano: «El amor hay que ponerlo más en las obras que en las palabras. Para que no quedara duda de que el amor cristiano es cuestión de práctica, el mismo Jesús nos dijo: «Amaos como yo os he amado», hasta desvivirme y dar la vida por vosotros, «hasta el fin». Si hubo un amor comprometido hasta el fondo fue el de Jesús, que «nos amó y se entregó por nosotros», que «nos amó hasta el exceso».

Renovar la devoción al Corazón de Cristo es volver a la fuente de su mandamiento signo, para demostrar que no hay palanca más eficaz para elevar el mundo que el amor cristiano, No hay motor tan potente para mover la humanidad como amar a lo Cristo. Pero hay que accionarlo. Si está quieto no mueve nada. Hay que ponerlo en acción. Hay que aplicarlo al muro de las injusticias para derribarlo. Hay que ponerlo en contacto con las miserias del hambre, el paro, el subdesarrollo, para que se traduzca en alimento, trabajo y progreso. «Para que los cristianos de hoy puedan ser a los ojos de sus contemporáneos signos legibles del amor-caridad, es menester que, bien plantados en el terreno humano, sepan traducir en gestos modernos el amor eterno de Cristo» (Michel Quoist). El amor del Corazón de Jesús hoy se llama solidaridad.

Correspondencia

Desde el comienzo de esta devoción cristiana, se ha hecho hincapié en la correspondencia de los fieles a las corazonadas de Jesús, según la lógica cordial del «amor con amor se paga». En las apariciones que dieron origen al culto del Sagrado Corazón, aparece el deseo de Cristo de recibir reparación por las ofensas recibidas por parte de los pecadores.

Por eso, expiar los pecados contra el Corazón de Jesús, sensible a las injurias y menosprecios de la gente, se ha subrayado como un elemento constitutivo de la nueva devoción. Según los cánones antiguos, reparar tenía como objetivo influir actualmente sobre el Jesús histórico de aquel tiempo, prestándole consuelo en su vida mortal al pensar en quienes iban a neutralizar sus sufrimientos afectivos por medio de actos de satisfacción reparadora. Esta consideración era paralela a la que consideraba al Jesús paciente, en Getsemaní y a lo largo de toda la pasión hasta la muerte en cruz, sufriente al pensar en los pecados que la humanidad iría descargando sobre él a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo. Sabemos que Jesús era sensible a las ofensas, como cuando exclama, tras la curación de los leprosos: «¿No eran diez los curados? ¿Dónde están los otros nueve?» Y si la ingratitud le hacía mella, también la incredulidad: «¿Hasta cuándo habré de soportaros?» En la misa de la solemnidad litúrgica del Sagrado Corazón, la Iglesia nos manda ofrecerle una «dignísima reparación».

Una consideración más actual de la reparación se apoya en la situación real del Cristo resucitado, que es infinitamente feliz y nada ni nadie puede arañarle un átomo de su gozo eterno. Sin embargo, con el corazón oxigenado por esta realidad inalterablemente dichosa de Jesús, los cristianos sienten en su propio corazón las injurias que, subjetivamente, se le dirigen, aunque objetivamente no le hagan daño. Nos hacen daño a nosotros, como si alguien insultara a nuestra madre, aunque ella esté feliz en el cielo. Pero la mezcla de las dos consideraciones, la intangibilidad real del Cristo glorioso y la realidad de personas que le ofenden, vuelven menos dolorista, más bien agridulce, nuestro deseo de repararle personalmente.

Pero hay otro aspecto de la reparación muy considerable actualmente, y es su aplicación al Cuerpo social de Cristo. No sólo podemos compensar espiritualmente con nuestro amor el desamor de tantas personas al Jesús personal, sino también podemos y debemos neutralizar los egoísmos e injusticias cometidas actualmente contra los miembros del Cristo completo. Esta reparación está sólidamente basada en la doctrina paulina de «suplir en nosotros lo que falta a la pasión de Cristo, en favor de su Cuerpo» (2Co 1, 24). Y, sobre todo, tiene su fundamento en las palabras del mismo Jesús, que tomó como hecho a sí mismo todo aquello que hacemos en favor de los necesitados. Releer el discurso del Rey Jesús, en el capítulo 25 del Evangelio según San Mateo, es la mejor forma de vivir la reparación real, no sólo piadosa, al Cristo encarnado en la humanidad doliente, restañando las heridas infligidas a los miembros rotos de su Cuerpo social.

Consagración

Un último punto esencial en la devoción al Corazón de Cristo es la consagración. Si el amor con amor se paga, la lógica del corazón exige corresponder al amor personal de Jesús a cada uno de los seres humanos con la entrega propia de todos a él. De ahí nació la costumbre del ofrecimiento diario de la jornada, con todo su bagaje de acciones y pasiones, de alegrías y tristezas, de gozos y sombras, de sonrisas y lágrimas, al Corazón que tanto ha amado a los hombres. Los papas han considerado que esta consagración debía hacerla toda la Iglesia y, en su nombre, la humanidad entera. Así, Pío IX, el 22 de abril de 1875, León XIII, en 1898, Pío X, con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón, y Pío XII, el 8 de mayo de 1928, leyeron y difundieron sendos actos de consagración colectiva al Corazón del Redentor.

Naturalmente, la correspondencia al amor personalizado de Cristo tiene que completarse con la imitación. Conocer al que «me amó y se entregó a la muerte por mí» sólo tiene como reacción lógica el enamorarme de él y el imitarle. San Ignacio lo formuló lúcidamente con su petición a lo largo de los ejercicios: «Pedir conocimiento interno de Cristo, para más amarle y seguirle». Un conocimiento de su intimidad -su Corazón-que nos atraiga como un imán y nos empuje a su imitación, hasta pasar por la tierra «haciendo bien».

Rafael de Andrés, S. J.
 

Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.

sábado, 2 de junio de 2018

QUE SIGNIFICA COMUNION

Pagina: http://goo.gl/YzPbfr Youtube: https://goo.gl/Ema7ou Facebook: http://goo.gl/jEc7Nk GloriaTv: http://goo.gl/MBPcld Google+: https://goo.gl/eMCkMu #catolico #yocatolico #catholic #iglesiaverdadera #UnicaIglesia #IglesiadeCristo source: Buenanueva.net ¿QUÉ SIGNIFICA COMULGAR? Comulgar es el verbo que usamos para decir que estamos recibiendo la Sagrada Comunión. Pero ¿qué significa la palabra Comunión? Comunión (“común-unión”) es la unión de Cristo con nosotros y la unión de nosotros con Cristo. Palabras mayores, ¿no? ¿Y esa maravillosa unión sucede cada vez que comulgamos? Depende… Cuando rezamos en el Padre Nuestro “danos hoy nuestro pan de cada día” (Mt. 6, 11), ese alimento diario que pedimos y que Dios nos da, no es sólo el pan material, sino también -muy especialmente- el Pan Espiritual. “Yo soy el Pan de Vida”, nos dijo Jesucristo (Jn 6, 35). Entonces, a pesar de la situación de escasez y carestía que podamos sufrir, no podemos estar pendientes exclusivamente del alimento para el cuerpo. Por supuesto que no podemos dejar de comer. Pero ¡es que hay que alimentar el alma también! ¿Cómo? Jesucristo está VIVO en la hostia consagrada con todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios: en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad (como aprendimos en el catecismo de Primera Comunión). ¿Para qué? Para ser alimento de nuestra vida espiritual. Este es el gran misterio que conmemoramos en la Fiesta de Corpus Christi.Efectos de la Sagrada Comunión: nutre al alma, aumenta la Gracia (vida de Dios en el alma) Adicionalmente: borra los pecados veniales, nos da gracias para cumplir la Voluntad de Dios, nos fortalece en las tentaciones, efectúa “comunión” del comulgante con Cristo y con el prójimo. ¿Siempre? Depende … La Comunión, o sea la unión con Cristo, es posible sólo si de veras deseamos unirnos con El y, si Lo recibimos como debe ser. Si no tenemos las actitudes correctas de fe y de deseo de imitar a Cristo y de unirnos a El, no se realiza la “Comunión”. Pueda que recibamos a Cristo con nuestra boca. Pero eso no basta, pues tenemos que unirnos a El en el pensamiento, en el sentir, en la voluntad; con nuestro cuerpo, con nuestra alma (entendimiento y voluntad) y con nuestro corazón. Si es así, nuestra vida humana podrá entonces unirse a su Vida Divina. Y hay condiciones preparatorias para recibir la Sagrada Comunión que están estipuladas por la Iglesia: no estar en pecado mortal, guardar el ayuno requerido, estar debidamente vestido, etc. Pero hay otras condiciones interiores, profundas, que están sobreentendidas y que a veces no tomamos en cuenta: FE en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. CONFIANZA plena en Dios. La confianza es consecuencia de la Fe. Fe y confianza en Dios son como dos caras de una misma moneda: no hay fe sin confianza y no hay confianza sin fe. ABANDONO Y ENTREGA TOTAL A DIOS Al tener plena confianza en Cristo, podemos entregarnos a El sin reservas, totalmente, a todo lo que El tenga dispuesto. Todas estas disposiciones de parte nuestra permiten que de veras haya “común-unión” o Comunión: unión de Cristo con nosotros, unión de nosotros con Cristo. Y, algo muy necesario sobre todo en esta etapa de la historia que nos toca vivir: unión entre nosotros, pero que sea una unión en Cristo, que es lo mismo que decir que es Cristo Quien nos une.

viernes, 1 de junio de 2018

¿CÓMO SER SANTOS?

¿QUIÉNES SON LOS SANTOS PARA LA IGLESIA?
-Los santos son:
· aquellos que contemplan ya claramente a Dios uno y trino. Ciudadanos de la Jerusalén celestial, cantan sin fin la gloria y la misericordia de Dios, habiéndose cumplido en ellos el paso pascual de este mundo al Padre;

· discípulos del Señor. Orígenes lo afirma con decisión: “Los santos son imagen de la imagen, siendo el Hijo imagen” (La oración, 22, 4). Son el reflejo de la luz de Cristo resucitado. Como en el rostro de un niño, en el cual se acentúan particularmente los rasgos físicos de sus padres, en el rostro del santo el rostro de Cristo ha encontrado una nueva modalidad de expresión;

· modelos de vida evangélica, de los cuales la Iglesia ha reconocido la heroicidad de sus virtudes y luego los propone a nuestra imitación. Ellos “han sido siempre fuente y origen de renovación en los momentos más difíciles de la historia de la Iglesia” (Juan Pablo ii, Christifideles laici, 16). “Ellos salvan a la Iglesia de la mediocridad, la reforman desde adentro, la apremian a ser lo que debe ser la esposa de Cristo sin mancha ni arruga (cfr Ef 5, 27)” (Juan Pablo ii, Discurso a los jóvenes de Lucca, 23 de septiembre de 1989). Y el Card. Joseph Ratzinger ha justamente afirmado que: “No son las mayorías ocasionales que se forman aquí o allá en la Iglesia las que deciden su camino y el nuestro. Ellos, los santos, son la verdadera, determinante mayoría según la cual nos orientamos. A esa nos atenemos! Ellos traducen lo divino en lo humano, lo eterno en el tiempo”;

· testigos históricos de la llamada universal a la santidad. Fruto eminente de la redención de Cristo, son prueba y documento de que Dios, en todos los tiempos y en todos los pueblos, en las más variadas condiciones socioculturales y en los distintos estados de vida, llama a sus hijos a alcanzar la perfecta estatura de Cristo (cfr Ef 4, 13; Col 1, 28). Ellos muestran que la santidad es accesible a las multitudes, que la santidad es imitable. Con su concreción personal e histórica hacen experimentar que el Evangelio y la vida nueva en Cristo no son una utopía o un simple sistema de valores, sino un “fermento” y “sal” capaces de hacer vivir la fe cristiana dentro y desde dentro de las diferentes culturas, áreas geográficas y épocas históricas;

· expresión de la catolicidad o universalidad de la fe cristiana y de la Iglesia que vive esa fe, la custodia y difunde. Los santos, expresión del mismo Espíritu -como dice el Evangelio- que “sopla donde quiere”, han vivido la misma fe. Tal internacionalidad confirma que la santidad no tiene confines y que ésa no está muerta en la Iglesia y, aún más, continúa a tener viva actualidad. El mundo cambia, pero los santos, aún cambiando ellos mismos con el mundo que cambia, representan siempre el mismo rostro vivo de Cristo. Ellos hacen resplandecer en el mundo un reflejo de la luz de Dios, son los testigos visibles de la santidad misteriosa y universal de la Iglesia;

· una auténtica y constante forma de evangelización y de magisterio. La Iglesia quiere acompañar la predicación de la verdad y de los valores evangélicos con la presentación de los santos que han vivido esas verdades y esos valores en modo ejemplar;

· mientras honran al hombre, rinden gloria a Dios, porque “la gloria de Dios es el hombre viviente” (San Ireneo de Lyon);

· son un signo de la capacidad de inculturación de la fe cristiana y de la Iglesia en la vida de los diferentes pueblos y culturas;

· intercesores y amigos de los fieles todavía peregrinos en la tierra, porque los santos, aunque inmersos en la gloria de Dios, conocen los afanes de sus hermanos y hermanas y acompañan su camino con la oración y el patrocinio;

· innovadores de cultura. Los santos han permitido que se crearan nuevos modelos culturales, nuevas respuestas a los problemas y a los grandes retos de los pueblos, nuevos desarrollos de humanidad en el camino de la historia. Los santos son como faros: han indicado a los seres humanos las posibilidades que los mismos seres humanos poseen. Por esto son interesantes incluso culturalmente. Un grande filósofo francés del siglo XX, HENRY BERGSON, ha hecho esta observación: “los personajes más grandes de la historia no son los conquistadores, sino los santos”.

- Todo esto la Iglesia lo confiesa cuando, agradecida a Dios Padre, proclama: “en la vida de los santos nos ofrece un ejemplo, en la intercesión una ayuda, en la comunión de gracia un vínculo de amor fraterno” (Prefacio de la Misa).
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TODO LO QUE NECESITAS ES ORACION


TODO LO QUE NECESITAS ES ORACIÓN!
¿Has pensado que pasaría si los que se atreven a atentar contra la vida de otros oraran al menos una vez al día?
Cada día todo es más rápido. Amanece, hay que prepararse, salir, trabajar, estudiar, volver a casa, hacer tareas, limpiar, comer, continuar con los deberes y luego ir a dormir… la rutina diaria termina por ocupar todo nuestro tiempo y nos aleja de algo importante: la relación con nuestro creador.
El agitado mundo nos vuelve egoístas, seres capaces sólo de preocuparse de sus propias necesidades y de ignorar las de los demás; y con ello, ignorar a Dios.
¿Has pensado que pasaría si aquellos que se atreven a atentar contra la vida, integridad o paz de otros oraran al menos una vez al día?
Sí, probablemente no se hubiesen atrevido a hacerlo.
¿Qué por qué estoy tan seguro de eso?
¡Fácil! Porqué entonces ellos habrían escuchado lo que Dios quería que hicieran y en su plan perfecto no se encuentra nuestra perdición, sino nuestra redención.Él quiere para nosotros la felicidad sin hacer infelices a los demás, una felicidad que es inherente a la santidad.
Necesitamos volver a esta relación con Dios. Te aseguro que cualquier dificultad que en tu vida aparezca, si la haces presente en tu oración, si la pones en manos de Dios, dejará de parecer tan grande y podrás enfrentarla sin algún problema.
La oración, además, no sólo puede ser por tus necesidades. También puedes pedir por las de tus papás, hermanos o amigos… incluso, si te atreves, un día puedes pedir por las necesidades de aquéllos que no conoces y olvidarte un poco de las tuyas… Probablemente Dios ese día escuche la oración de otros que también están pidiendo por ti.
En la medida en que oremos unos por otros, seremos verdaderos ejemplos de comunión. La oración nos aleja de la indiferencia y nos invita a la acción… la oración renueva nuestro corazón y nos invita a amar y a servir.
Atrévete, ora y no te preocupes, al final… ¡Todo lo que necesitas es oración!
Por: Juan Pluma Alvarado | Fuente: elblogdelafe.com 
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Por: Juan Pluma Alvarado
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