¿Por qué celebramos la solemnidad de María, Madre de Dios?
Apenas después de celebrar la Navidad, la Iglesia concluye la octava de Navidad honrando a María bajo su mayor título, Madre de Dios. Sobre el hecho de su Maternidad divina dependen todas las dignidades y prerrogativas que tiene.
El Catecismo de la Iglesia Católica, en su párrafo 509, nos enseña: “María es verdaderamente ‘Madre de Dios’ porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo”.
La solemnidad de María, Madre de Dios, es día de precepto y se celebra cada 1° de enero en su honor.
¿Alguna vez se ha preguntado cómo usted puede saber que Dios existe, si ni siquiera puede verlo?
Muchas de las cosas de las que dependemos en nuestra vida diaria son invisibles. Aunque no podemos verlas, eso no las hace menos reales.
Las ondas radiales son un buen ejemplo. Están en todas partes, alrededor de usted todo el tiempo, pero son invisibles e impalpables. Entonces, ¿cómo sabe que existen? Necesita usar un radio.
Un radio está hecho con un receptor específico que puede captar esas ondas invisibles. La música hermosa que usted escucha cuando usa un radio comprueba la existencia de las ondas radiales.
Es cierto que Dios no puede ser visto o tocado. Pero usted fue hecho por Dios con un “receptor” muy específico por dentro: su espíritu humano, la parte más profunda de su ser. Entonces, ¿cómo puede saber que Dios existe? Usted necesita usar su espíritu humano para recibir a Dios y contactarlo.
Pero hay un enorme problema que se interpone: el pecado. Poco después de ser creada la humanidad, ésta cayó, se apartó de Dios y fue corrompida por el pecado.
Sin embargo, debido a Su gran amor por usted, Dios hizo algo extraordinario para dar solución al problema del pecado. Él se hizo un hombre llamado Jesús con el propósito expreso de llevar sobre Sí el castigo por sus pecados.
Oración Nocturna Jesucristo, Dios mío, te adoro y te agradezco por todas las gracias que me has dado en este día. Te ofrezco mi sueño y todos los momentos de esta noche. Me coloco a mí y a todos mis seres queridos, dondequiera que estén, en Tu costado sagrado y bajo el manto de Nuestra Madre Santísima. Que tus santos ángeles vigilen y nos guarden en paz. Amén.
TODO LO QUE NECESITAS ES ORACIÓN! ¿Has pensado que pasaría si los que se atreven a atentar contra la vida de otros oraran al menos una vez al día?
Cada día todo es más rápido. Amanece, hay que prepararse, salir, trabajar, estudiar, volver a casa, hacer tareas, limpiar, comer, continuar con los deberes y luego ir a dormir… la rutina diaria termina por ocupar todo nuestro tiempo y nos aleja de algo importante: la relación con nuestro creador.
El agitado mundo nos vuelve egoístas, seres capaces sólo de preocuparse de sus propias necesidades y de ignorar las de los demás; y con ello, ignorar a Dios.
¿Has pensado que pasaría si aquellos que se atreven a atentar contra la vida, integridad o paz de otros oraran al menos una vez al día?
Sí, probablemente no se hubiesen atrevido a hacerlo.
¿Qué por qué estoy tan seguro de eso?
¡Fácil! Porqué entonces ellos habrían escuchado lo que Dios quería que hicieran y en su plan perfecto no se encuentra nuestra perdición, sino nuestra redención.Él quiere para nosotros la felicidad sin hacer infelices a los demás, una felicidad que es inherente a la santidad.
Necesitamos volver a esta relación con Dios. Te aseguro que cualquier dificultad que en tu vida aparezca, si la haces presente en tu oración, si la pones en manos de Dios, dejará de parecer tan grande y podrás enfrentarla sin algún problema.
La oración, además, no sólo puede ser por tus necesidades. También puedes pedir por las de tus papás, hermanos o amigos… incluso, si te atreves, un día puedes pedir por las necesidades de aquéllos que no conoces y olvidarte un poco de las tuyas… Probablemente Dios ese día escuche la oración de otros que también están pidiendo por ti.
En la medida en que oremos unos por otros, seremos verdaderos ejemplos de comunión. La oración nos aleja de la indiferencia y nos invita a la acción… la oración renueva nuestro corazón y nos invita a amar y a servir.
Atrévete, ora y no te preocupes, al final… ¡Todo lo que necesitas es oración!
Por: Juan Pluma Alvarado | Fuente: elblogdelafe.com